Servicio
En nuestros días de bebedores, cuando el mundo era solamente una inmensa “tierra de nadie” nos sentíamos impulsados a conquistar y a reordenar de acuerdo con nuestra voluntad, y para lograrlo, había que trabajar, pelear y sufrir intensamente.
La razón era que teníamos el egoísmo como compás y nuestro propio logro como único programa. Todos los esfuerzos estaban encaminados a lograr aquello que pudiera satisfacer nuestra vanidad. El dinero, inteligencia, imaginación e iniciativa se usaron solamente como herramientas para “construir” un mundo hecho a nuestra medida.